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LA HISTORIA DE LA CAMINATA JUVENIL A LUJAN
30 ediciones de una pasión de multitudes
La marcha fue propuesta en 1974 por un sacerdote. Pero muchos pensaron que
no tendría éxito. Hoy es la mayor expresión de fe del país.
Es cosa de viejos". "Es volver a la Edad
Media". "No va a andar". Cuando hace tres décadas comenzó a barajarse la
posibilidad de organizar una peregrinación juvenil a la basílica de
Nuestra Señora de Luján, las primeras reacciones en los medios religiosos
no fueron auspiciosas. Eran pocos los que creían que podía funcionar.
Nadie imaginaba que rápidamente se iba a convertir en un impresionante
fenómeno religioso que pasaría a ser la manifestación de fe —y la
convocatoria— más multitudinaria del país, que confirmaría año a año la
vastedad de la religiosidad de un pueblo y su profunda devoción a la
patrona de los argentinos.
Pese a la escasa acogida de la idea, su autor, el padre Rafael Tello, un
fino teólogo, ya fallecido, no se amilanó. Al promediar la convulsionada
década del ''70, Tello creía que hacía falta un hecho masivo que
movilizara a los jóvenes, que habían perdido entusiasmo en la vivencia de
la fe y estaban encerrados en sus parroquias y movimientos. Intuía un
gesto de unidad y fervor basado en la religiosidad popular. Poco a poco
fue amasando su idea. "¿Qué es lo que le gusta a la gente?", preguntó una
vez en el monasterio bonaerense de Los Toldos. "Le gusta cantar y
caminar", le respondió el padre Daniel de la Sierra.
Tello comenzó a lanzar su idea en encuentros de movimientos juveniles de
la capital y el gran Buenos Aires. "¿A nadie se le ocurrió organizar una
peregrinación de jóvenes a Luján?", inquiría. Las resistencias iniciales
cedían ante el convencimiento y el entusiasmo que el sacerdote transmitía.
El laico Marcelo Mitchell —que integraba el grupo juvenil de la iglesia de
San Patricio— admite hoy que fue muy poco convencido a una de las primeras
reuniones para avanzar en la idea. "Voy a ir a una sola reunión", advirtió
entonces. Pero, al escuchar a Tello, "mi corazón vibró". Mitchell quedaría
ligado por muchos años a la marcha.
Finalmente —corría 1975—, el proyecto se puso en marcha. Por entonces, se
hacían las peregrinaciones de la Sociedad de Peregrinos a Pie a Luján,
compuestas sobre todo por adultos, que salían de Plaza Flores. Los jóvenes
no tenían el hábito de peregrinar. Por eso, era clave la difusión de la
marcha. Pero la campaña fue precaria: avisos en iglesias y colegios,
rudimentarios afiches y tímidos contactos con los medios. El propio
Mitchell visitó a un conocido vecino, el relator José María Muñoz, quien
invitó a la caminata durante la transmisión de un superclásico Boca-River.
El 25 de octubre, a las 14, desde San Cayetano de Liniers, arrancó la
primera marcha bajo el lema "La juventud peregrina a Luján por la Patria".
Las dudas sobre la concurrencia eran tales que, según cuenta Ramón Massot,
otro dirigente juvenil de la época, "cuando salíamos mirábamos hacia
atrás: ¿seremos solamente los organizadores y nuestros grupos?". A la
altura de Morón se confirmó el éxito. Era tal la alegría de los
organizadores que monseñor Juan Presas, el gran historiador de Luján,
debió aclararles: "Es la Virgen la que convoca".
Pero todo era muy precario. No se contaba con los actuales operativos de
cortes de tránsito y buena parte del trayecto se hacía a oscuras. El padre
Horacio "Titín" Della Barca, responsable del desarrollo de la caminata,
acondicionó su camioneta Mercedes Benz roja, modelo ''53, y le puso en el
techo una gran cruz de acrílico con bombitas de luz y dos parlantes para
orientar a los peregrinos y a los organizadores durante la noche.
Al comprobar que los rezagados corrían el peligro de ser atropellados en
la noche, tuvo otra invención al año siguiente. Decidió conformar una
suerte de cuadrilla municipal, con cascos y mamelucos, que iba en un
camión acompañando a la cola de la peregrinación, colocando cada tanto
vallas y faroles para alertar a los automovilistas. En rigor, los
interrogantes eran aún más elementales. "Muchos desconocíamos el camino
para llegar a Luján, pero confiamos en que alcanzaríamos nuestro destino
siguiendo la ruta", evocó otro organizador.
La concurrencia lograda —unas 30 mil almas— llevó a que inmediatamente se
empezara a imaginar la segunda peregrinación. Pero la siguiente marcha se
enmarcaba en un cambio político fundamental: el país vivía bajo una
dictadura y un estado de sitio que impedía la reunión de muchas personas.
Fueron muchas las reuniones con las autoridades para informar sobre los
alcances de la peregrinación. "El Gobierno ofrecía diversas ayudas, como
la distribución de mate cocido, que era una manera encubierta de controlar
de cerca la marcha", dice el padre Jorge Herrera Gallo, responsable por
entonces de la pastoral juvenil de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Lo
cierto es que la peregrinación era el único canal de expresión masiva
tolerado.
La segunda peregrinación congregó a unos 70 mil fieles. La tercera convocó
a unos 300 mil. Llegaría a hablarse en los años siguientes de un millón de
asistentes. El fin de semana pasado —cuando se cumplió la número 30— se
confirmó que la marcha sigue cautivando a los jóvenes —y no tan jóvenes—
que quieren —al menos una vez en su vida— caminar juntos hacia la casa de
la virgen gaucha.
por http://www.clarin.com/suplementos/especiales/2004/10/06/l-00401.htm
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