“Renuncio a una mujer, no a amar”

Gustavo Borelli, seminarista

Gustavo Borelli es porteño, tiene 29 años y en 2008 será cura, es decir, recibirá el sacramento que lo convertirá en “sacerdote de Cristo para siempre”. Voluntariamente acepta no casarse, no tener hijos y vivir al servicio de la Iglesia. Dice que lo hace “por amor” y que, después de seis años de estudiar y vivir en el seminario de Villa Devoto, está “feliz por el estilo de vida que le propone el sacerdocio” y se siente “unificado y en paz”.

Borelli hizo la primaria y la secundaria en un colegio privado no confesional y quería ser ingeniero agrónomo. Por eso cursó el Ciclo Básico Común en la UBA y los dos primeros años de esa carrera. Pero la dejó y entró en el seminario para seguir lo que considera “un llamado de amor de Jesús”, que es, para él, “la clave de interpretación de toda la realidad”. De hecho, contó, “todos los planteos que me van surgiendo encuentran en El una palabra, una respuesta que me deja en paz”.

Las dos preguntas que con mayor frecuencia le hacen es cómo vive el celibato –la promesa de no casarse y vivir la virginidad– y si no es una frustración el no tener hijos. “Es comprensible que los que no son llamados a seguir a Jesús no entiendan estas cosas”, dice, y después de unos minutos explica: “Experimento un llamado amoroso de Jesús que hace que todo lo que realice parta de ahí. Por ejemplo, cuando rezo no lo hago como un gesto puramente racional, sino como un encuentro de amor. Entonces, en cuanto al celibato, yo renuncio a tener una mujer –esto es objetivo–, pero no renuncio a amar”.

En cuanto a la paternidad, responde: “Vivo como algo muy fuerte mi entrega a Dios y a los demás, y en esto encuentro una plenitud. No estoy igualando esta experiencia con tener hijos naturales, pero digo que hay cierta paternidad en el cuidar y ayudar a crecer a otros”.

¿Cómo influyen en su opción los casos escandalosos en los que se ven involucrados sacerdotes? “La primera impresión influye negativamente; uno reconoce la verdad con dolor, pero no por eso deja de confiar y seguir adelante. Después, lo que permanece es la experiencia diaria que hago con sacerdotes honestos, trabajadores y que viven su sacerdocio buscando la fidelidad.” El futuro sacerdote recordó que en el barrio en el que se crió, Barracas, “es fácil acceder a ambientes cristianos” y que esto facilitó su acercamiento a la Iglesia, porque tuvo una muy buena experiencia humana “con las personas que conocí en la parroquia”.

Para Gustavo Borelli, ser católico es hacer día a día “una experiencia de Jesús”, y esto es lo que siempre hace que vuelva a elegirlo.

por: http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=893069
 

 
 

  Notas


Fuente
Diario La Nación
25/03/2007
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





 

 


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