Ahora el fútbol tiene cura

Lo designó el cardenal Quarracino para asistir espiritualmente a los futbolistas. Nació y da misa en la Boca. "Soy de Boca y después, católico", bromea · Fue delantero y goleador.

 
Jueguito

"La Iglesia pide disculpas por no haber atendido espiritualmente a los futbolistas", dice el padre Horacio, el nuevo capellán del fútbol.
Sostiene que aunque los jugadores se persignen, con eso no basta: "Dios no juega para nadie".

Analiza tácticas, realiza comparaciones, critica el juego de un mediocampista, alaba la velocidad de un delantero, lamenta la desconcentración del arquero Oscar Passet cuando el miércoles no pudo retener el tiro libre de Enzo Francescoli, "falla que aprovechó Orteguita" . Pero este hombre, que analiza con tanta erudición el fútbol argentino, no es Macaya Márquez y ni siquiera aspira a convertirse en un comentarista de Primera B: su vida está dedicada a Dios, y pocos minutos después deberá oficiar misa en la iglesia Santa Lucía, de Barracas, donde es párroco desde hace once años. Pero el padre Horacio Della Barca, de 56 años, también tiene otra "iglesia", muy cercana a su parroquia: la cancha de Boca. Nacido en Patricios y Brandsen, evoca lejanos domingos cuando una multitud de hinchas salía del estadio rumbo a sus casas: "Los recuerdo con sombrero, porque cuando yo era chico la gente iba a las canchas con sombrero y de traje". Y enseguida bromea: "Primero soy de Boca y después, católico".

Tal vez por conocer esta pasión, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Antonio Quarracino, le pidió al padre Horacio que sea el "capellán" de los futbolistas , a quienes les brindará atención religiosa. "El fútbol es un sector de la sociedad que la Iglesia ha olvidado de asistir espiritualmente. Ahora queremos llevarle nuestro mensaje evangelizador. El fútbol trasciende el mero juego, ya que tiene una gran dimensión social", reflexiona. "Voy a formar un equipo pastoral que no solo va a atender a los jugadores y a sus familias sino a todo el vasto y complejo mundo que está ligado al fútbol, hoy tan mercantilizado y casi al borde de la deshumanización. En una sociedad exitista triunfa el que está primero. Lo que vale, entonces, son los puntos", dice este hombre bajo, de manos fuertes, que en su juventud fue un delantero goleador que admiraba a Pepino Borello, el "centroforward" del Boca campeón de 1954.

Los jugadores se persignan

El padre Della Barca reconoce que todavía no ha tendido las redes para conectarse con jugadores y dirigentes, y admite que aún no tiene muy claro cómo hará para llevar su pastoral al complejo mundo del fútbol. "La mayoría de los jugadores, por lo menos en la Argentina, se persigna antes de entrar a la cancha. Este es un claro signo cristiano, aunque los jugadores lo hagan por cábala. Pero si somos cristianos, debemos saber que Dios no favorece a unos en perjuicio de otros." Hay un silencio largo, sólo interrumpido por las risas de unos chicos que juegan en el patio. Las manos del padre Horacio tamborilean, nerviosas, sobre la mesa. Después dice: "Tenemos que introducir lo racional en el fútbol. Hay que planificar una tarea para que la presencia de la Iglesia no se limite solo a rezar el padrenuestro".

Su equipo pastoral no solo estará integrado por sacerdotes. "También pueden conformarlo laicos y periodistas", se entusiasma. Y cuenta: "Hay varios sacerdotes que, individualmente, tienen relación con jugadores y dirigentes. Pero lo hacen más como hinchas...". Su risa es franca, cordial. Cuenta, entonces, una anécdota: "Hace un tiempo, un sacerdote había bendecido una imagen de la Virgen de Luján que un club de la B había entronizado en su sede. Pocos días después, el equipo fue a jugar cerca de Luján. Ya que estaban, los jugadores decidieron ir a rezar a la iglesia para pedir un buen resultado. Lo cierto es que ese día el club perdió 7 a 0...".

Entre la cancha y la misa

El padre Horacio dice que nunca se acercó a la cancha de Boca invocando su condición de religioso. Siempre fue un fanático boquense que hizo la cola para sacar la entrada, y gritó los goles desde la tribuna. En los últimos tiempos compró un abono a platea, pero obligado por sus urgencias de horario: los domingos oficia varias misas y necesita salir rápidamente de la cancha para llegar a tiempo a su iglesia de Barracas.

Cuando habla de "su" Boca, el cura suele olvidar sus análisis mesurados y la pasión lo desborda. "Boca salió a jugar contra Colón con seis mediocampistas" se queja". ¿Le parece lógico? Y no se puede dejar solo a Caniggia, peleando contra la defensa rival sin que ningún jugador lo asista." Es el lamento de un hincha frustrado. A través de sus gruesos anteojos, que de vez en cuando acomoda con sus grandes manos, mira hacia el patio donde los chicos siguen jugando. De pronto se pone serio: "No me gustó el remate de los palcos VIP. Me pareció muy frívolo".

Varias mujeres rezan, hincadas ante sus bancos. Es un murmullo, apenas. "La Iglesia quiere pedir disculpas por no haber atendido nunca espiritualmente a los futbolistas", dice el padre Horacio. Sus gruesos dedos, otra vez, vuelven a tamborilear sobre la mesa.

por http://www.clarin.com/diario/96/05/19/curabo.html

 
 

  Notas


Fuente
Diario Clarín
19/05/1996
 








 



























































 


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