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EL INSTITUTO PARROQUIAL
SANTA LUCIA
Comenzó como Jardín de Infantes en 1958, en
la casa donada por la familia Paso Viola. Al año siguiente fue reconocida
oficialmente. Hoy alberga a 450 alumnos en dos turnos y tiene como premisa
impartir conocimientos, pero también inculcar sólidos valores cristianos.
Alicia del Gener, directora del Instituto Parroquial Santa Lucía, nos
cuenta un poco la historia, relatada ya por el padre De Bony, quien al
recibir en donación para la parroquia la amplia propiedad de más de cien
años, que perteneció a la familia Paso Viola, decidió iniciar en 1959 un
jardín de infantes. Con el correr de los años se fueron incorporando
nuevas aulas hasta llegar al séptimo grado.
Cabe señalar que la iniciativa del padre De Bony respondía a una actitud
de la Iglesia argentina de aquellos años, que siguiendo la pastoral de la
Iglesia de los Estados Unidos, se orientó a fundar colegios parroquiales.
Si actualmente numerosas parroquias cuentan con un colegio, es por la
determinación asumida por esos años, y que se continuó en los años
posteriores.
Lo cierto es que el 16 de marzo de 1959 la escuela fue reconocida
oficialmente y además de iniciarse la Escuela Primaria, se dictaron más
adelante clases de guitarra, corte confección e inglés. Y en 1965 egresó
la primera promoción.
-Cuando la Escuela se inició -dice la señora del Gener- los directivos
salieron a hacer promoción para incorporar alumnado y en ese entonces se
pobló de chicos que venían de hogares humildes, porque en esta zona
abundaban los conventillos. Desde un principio se optó por la escolaridad
mixta. En este momento la Escuela se caracteriza por tener una composición
muy variada del alumnado, porque ahora es conocida y ha ganado prestigio,
por lo cual vienen chicos de todos los niveles sociales e incluso se beca
a algunos alumnos que provienen de sectores carenciados. Pero sean de un
nivel alto o bajo, la Escuela trata a todos por igual.
La actual directora se inició como maestra a fines de 1968 hasta ser
nombrada directora.
-¿Hay diferencias entre aquel colegio de 1968 y el actual?
Cambiaron las costumbres. La Escuela tiene de primero a séptimo a la
mañana y también a la tarde, de manera que con 450 alumnos y unas treinta
maestras -entre maestras de grado y especiales-, puede dirigirse sin
grandes problemas.
Pero es evidente que los cambios en las costumbres en estos últimos
treinta años, nos obligan a replantearnos a los grandes, para encarar la
educación de los chicos: en las costumbres que van adquiriendo, en ver
cómo juegan en los recreos, o como se comportan. Cuando llegué como
maestra era la señorita Alicia, y ahora que soy la directora soy la
"seño". Son costumbres que se van modificando y que uno tiene que aceptar
mientras no se falte el respeto.
- ¿Cómo encara la Escuela el EGB?
- Nosotros nos estamos preparando, pero no se sabe cómo se va a encarar.
Acá empezamos la construcción nueva y está todo preparado para seguir, si
se inicia el octavo y el noveno, que serían el equivalente al primero y al
segundo del secundario. Aquí hay cursos en los cuales se está aplicando la
nueva metodología y hay otros que lo están haciendo paulatinamente y de a
poco, porque les cuesta más.
En estas escuelas la actividad es intensa para el personal directivo,
porque además de la función educativa, tenemos a cargo la parte
administrativa, la atención de los padres y cuanta tarea nueva haya que
afrontar.
-¿Y en la formación cristiana cuáles son las pautas para el trabajo?
- En la parte apostólica trabajamos mucho con la parroquia.
Los sacerdotes vienen a la Escuela y dialogan con nosotras y después
tienen presencia en los
grados. Los chicos de tercero y cuarto grado hacen la catequesis en la
parroquia porque tienen catequesis familiar. Pero aquí hay una presencia
de los sacerdotes jóvenes especialmente, que hacen una tarea de apoyo
espiritual y también ayudan a resolver los problemas graves que se
presentan de repente en algún grado. Y cuando surge algún problema y
considero que hace falta ilustrar a lo; chicos, lo hablo con los
sacerdotes y si ellos creen que hay que dar una charla se ocupan de
hacerlo.
En los campamento; de séptimo grado que hacemos todos los años se va con
las maestras, pero también con los sacerdotes. O sea que en ese aspecto
estamos bastante interrelaciona-dos, porque lo que buscamos es hacer
prevalecer los valores que queremos inciar.
-Y se supone que en estos momentos en los cuales] hay toda una corriente
que los subestima, debe resultar difícil educar a los chicos en el cultivo
de los valores...
-Si bien es difícil, nosotros desde que el chico se inicia colocamos
ciertas pautas que deben ser respetadas. Aquí es muy difícil que un chico
le falte el respeto o le conteste a la maestra. Tampoco a ninguna de las
maestras se le va a ocurrir zarandear a un alumno. Estas pautas de
conducta las tenemos muy dentro de nosotros. Pero cuando se presentan
algunas inconductas que incluso puede ser hasta con los propios
compañeros, tomamos los recaudos necesarios para conocer las motivaciones,
hablamos con los padres y orientamos al chico, cosa de que el alumno
supere esa situación.
Yo lo que puedo apreciar es que en la escuela se pueden observar
iniciativas de los chicos que son importantes destacar. Por ejemplo, los
chicos de séptimo grado en este momento han organizado un kiosco y venden
sandwiches para juntar fondos destinados al campamento, con el propósito
de aliviarle los gastos a los padres.
Después hay un diálogo tanto con los docentes como con las autoridades.
Los chicos de sexto grado de la mañana, por ejemplo, me vinieron a
consultar para ver si podían armar un torneo de ajedrez. En ese momento no
los pude atender porque estaba muy atareada con la organización de los
festejos de los cuarenta años de la Escuela. Pero cuando hablé con ellos,
ya tenían todo organizado: el fixture, los alumnos inscriptos y todos los
detalles.
-¿Los problemas que se presentan no obedecen por lo general a los
conflictos que se viven en el hogar?
- Sí, en ese aspecto las situaciones conflictivas en la pareja repercuten
inevitablemente sobre los chicos, como también cuando los padres no se
preocupan por los hijos. La gravedad está además porque en los conflictos
de pareja hay una gran dosis de egoísmo en donde los problemas personales
están por encima y se pierde el respeto por el hijo. Si aún en conflicto,
los padres tuvieran mayor respeto por los hijos, los chicos no sufrirían
tanto.
-Esa es quizá la diferencia entre la Escuela de los inicios y la de
ahora...
-Sí por supuesto.
-¿Pero también en estos cuarenta años deben haberse recogido frutos?
-Sí y no podemos menos que sentirnos orgullosos. Porque entre los
egresados tenemos algunos médicos, un cardiólogo en el Hospital Argerich,
futuros abogados... Hace poco tuvimos la Misa del reencuentro por
iniciativa del párroco, con la perspectiva de hacerla con alguna
periodicidad. Y allí se dio la oportunidad de encontrarnos con exalumnos,
y apreciar en alguna medida los frutos de nuestro trabajo.
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