Confesor, sacristán y fundador de instituciones

La Cárcel de Mujeres y la Casa de Expósitos fueron lugares a los que destinaba todos los momentos que le dejaba libres el ministerio parroquial. En esas dos casas, como en los hospitales, se quedaba horas, confesando y predicando ejercicios. Pasaba con frecuencia hasta ocho y diez horas confesando.

En 1891 fundó la Congregación de Hijas de María, en 1892 la Congregación de la Doctrina Cristiana. Estableció los ejercicios espirituales para hombres. Y cuando tuvo un grupo de hombres piadosos, fundó la cofradía de San José y luego la Congregación del Santísimo Sacramento, que llegó a ser una de las más florecientes de la ciudad.
Para los niños fundó dos asociaciones: la de San Luis para los varones y la de los Santos Ángeles para niñas.

Un día llegó imprevistamente a Santa Lucía monseñor Espinosa. Pudo divisar a alguien que barría el corredor. Lo confundió con el sacristán, pero el barrendero era el propio Orzali. "¿Qué haces, hombre?", le preguntó. "Estoy quitándome el frío, monseñor". Con motivo de celebrarse las bodas de oro episcopales del Papa León XIII, la Argentina quiso estar presente en los homenajes, y se organizó la primera peregrinación argentina a Roma. Cuando llegó el momento de buscar la persona encargada de asumir esa empresa, las miradas convergieron en Orzali. Fue una larga peregrinación que incluyó, además de varios países de Europa, Tierra Santa, y los pueblos donde nacieron sus padres.

Después de una larga ausencia, Orzali volvió a Santa Lucía y comenzó a preocuparse especialmente por los enfermos. Orzali atendía espiritualmente al enfermo y se hacía amigo de los sanos. Cuando veía que la familia era muy pobre y que no tenía con qué comprar los remedios, no dudaba en sacar dinero de su bolsillo para aliviar la indigencia de su feligresía. Y cuando veía que podían sentirse humillados por lo que pudiera ofrecerle, dejaba cinco o diez pesos bajo la almohada del paciente, para que pudieran comprar los medicamentos.
A tres cuadras de su parroquia, y sobre la misma calle Larga, hoy avenida Montes de Oca, estaba la Casa Cuna, que solía visitar para consolar y brindar asistencia espiritual. Allí estaban las Hermanas del Huerto.

Más allá estaba la Cárcel de Mujeres, atendida por las Hermanas del Buen Pastor, la que también era frecuentada por Orzali.

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