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Capellán de la Fragata Sarmiento
Por aquellos años la Marina de nuestro país iniciaba una nueva etapa, y la
Iglesia se propuso asistir pastoralmente a sus cuadros. Aunque en el
primer viaje de la Fragata "Sarmiento" no hubo capellán, en el segundo y
tercero, el capellán fue el padre Agustín Piaggio. Mons. Espinosa invitó
para el cuarto viaje al cura de Santa Lucía.
El 25 de mayo de 1903 zarpaba la nave, en donde todos los domingos, a las
9, celebraba la misa sobre cubierta a la que asistía la oficialidad y la
tripulación; en total, doscientos sesenta hombres. En privado, celebraba
la misa todos los días siempre que el tiempo se lo permitiera.
Bahía y Martinica fueron las primeras escalas. Orzali consiguió del
comandante que le permitiera dar clase diaria a la gente de tropa
analfabeta. Colaboraba con los demás jefes en las conferencias
ilustrativas que se daban a bordo. Había fundado en la nave un periódico
titulado "Sarmiento"; el médico Dr.Anchuitz y el padre Orzali fueron su
director y redactor, respectivamente. Luego Orzali inició una compañía de
teatro para amenizar los días de fiesta y acortar un poco las largas
jornadas de la travesía. Él mismo se encargó de conseguir obras en los
puertos donde tocaban.
Después de visitar San Juan de Puerto Rico, admiraron las obras de
construcción del famoso canal de Panamá, para luego dirigirse a La Habana,
Baltimore, Washington y Nueva York.
Orzali había prometido enviar periódicamente correspondencia al diario "La
Voz de la Iglesia" y lo hizo con la constancia y la puntualidad que se
podían esperar de "este cura criollo-sajón" como le decía el padre Lap-hitz.
Sus precisas crónicas se recopilaron luego y dieron origen a un libro. Más
adelante llegaron a Canadá.
Luego de tantos meses de ver solamente agua y cielo regresaron al país. El
primer destino fue Bahía Blanca. Desde allí viajó a Olavarría, donde sus
Hermanas del Rosario habían abierto la primera casa. Menuda sorpresa se
llevaron cuando se les apareció de improviso a visitarlas.
Luego viajó a Punta Arenas y Ushuaia y el 28 de enero desembarcó en Buenos
Aires. El día del arribo una delegación del Círculo de Obreros llegó hasta
la dársena para recibir a su pastor. Todo Barracas quiso testimoniar a
Orzali la alegría por su regreso. Y en el templo se entonó el Te Deum en
acción de gracias por el feliz viaje de diez meses.
Todo el año de 1904 fue de intensa tarea para Orzali que imprimía mayor
empuje a una parroquia que contaba con instituciones en plena expansión;
entre ellas la Cofradía de hombres del Santísimo Sacramento, el Círculo de
Obreros que era el más importante con más de tres mil socios; y las Hijas
de María, ahora dirigidas por las Hermanas Rosa riñas.
En el invierno de 1906 Orzali fue llamado urgentemente de la Curia. El
arzobispo Espinosa lo hizo sentar y le informó que acababa de fallecer el
párroco de San Miguel. "He pensado que tendrías que sucederlo".
El domingo 1o de julio, Orzali se despedía de su feligreses, ya no con sus
acostumbrados cinco minutos, sino con una larga y emocionada plática en la
que agradeció a todos los que en esos 16 años de trabajos le dieron
siempre la mano para ayudarlo.
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