El padre Manuel J. Samperio

El padre Manuel J. Samperio ejerció su ministerio sacerdotal en Santa Lucía desde su ordenación, en 1923, hasta su muerte, el 30 de abril de 1959.
Fue una figura destacada en el clero arquidiocesano, sacerdote de vasta ilustración que unía a su capacidad intelectual, el brillo de la oratoria sagrada y la inspiración poética.
Nacido en 1897, se educó junto a los padres salesianos. En San Carlos fue bautizado y recibió la Primera Comunión junto al camarín de María Auxiliadora.

Hizo sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Villa Devoto, egresando en 1922 como profesor de Filosofía y Teología con las máximas calificaciones. Fueron sus compañeros
Alejandro Schell y Enrique Rau, años después consagrados obispos.
Monseñor Espinosa lo nombró teniente cura de Santa Lucía. El 6 de enero de 1923 lo acompañó personalmente hasta la parroquia y le dijo al padre Paso Viola: "Te traigo un regalo de Reyes".
Desde entonces realizó un intenso apostolado durante 36 años en Barracas, de donde nunca quiso salir a pesar de habérsele ofrecido cargos de mayor jerarquía. "Prefiero el apostolado parroquial", dijo por entonces.

A la muerte del padre Paso Viola, el cardenal Copello lo designó párroco, tomando posesión en 1941. Pidió desde el pulpito la colaboración de los fieles y añadió: "Me reservaré el cuidado de los pobres, los enfermos y los niños".
Trabajó infatigablemente en la parroquia, fundó las cuatro ramas de la Acción Católica y dio impulso a las asociaciones piadosas. Alentó y cuidó las vocaciones sacerdotales que surgieron durante su curato.
Orador elocuente e inspirado poeta, predicó incansablemente y junto con la palabra utilizó su poesía como instrumento de apostolado. A su creatividad se deben también el Himno a Santa Lucía y la Ofrenda (Nuestros dones no son palmas...) que se cantó durante el Congreso Euca-rístico Internacional de 1934.

Fueron varias las obras en prosa y en verso que salieron de su pluma. Su primer libro en verso fue "Mi rosal está en flor", publicado mientras era seminarista. Luego vendrían "Cuestiones de antropología argentina", "La vivienda y la familia" y una documentada "Historia de la iglesia y del barrio de Santa Lucía", que mostraron la sensibilidad del escritor hacia diversas manifestaciones.
Como cultor del arte, supo granjearse de numerosas amistades en el mundo de la literatura, la poesía y la plástica. Benito Quinquela Martín -que fue bauitizado en Santa Lucía en \ marzo de 1890- le obsequió i un aguafuerte titulado | "Salida del templo", con ; esta dedicatoria: "A mi ¡ amigo Manuel Samperio, i sacerdote con alma de poeta. 1952".

Fue un hombre sumamente austero y todo lo [ que tuvo lo dio generosa-mente. Legó el terreno que sus ; fieles le obsequiaron cuando celebró sus bodas de plata sacerdotales, para construir el nuevo camarín.
Entre sus múltiples actividades se desempeñó como director del Secretariado de la Unión Popular Católica Argentina, director del Círculo Católico de Obreros, profesor de Teología y Oratoria Sagrada en en Seminario de los padres franciscanos, de Literatura en el Instituto Santa Felisa, capellán de dicho colegio y de la Casa Cuna, profesor de Religión en la Escuela Industrial Otto Krause y en la Escuela de Artes Gráficas de la Nación.

Soportó con resignación su larga enfermedad. Murió el 30 de abril de 1959 y la feligresía desfiló ante sus restos durante dos días y dos noches. Siete obispos asistieron a su funeral. Sus restos descansan al pie del altar de la Virgen del Rosario de Pompeya.

 
 
 




 









 


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