| |
Peregrinación de Lucía y su madre al
Sepulcro de Santa Águeda.
Habiéndose
propagado por toda Sicilia la fama de la gloriosa mártir Santa Águeda a
causa de los milagros obrados por ella, también los habitantes de Siracusa
acudían a Catania al sagrado templo de la mártir, para orar.
Entre los demás también Lucía, preclara joven de la ciudad de Siracusa, se
dirigió al templo el día de la festividad de Santa Águeda (5 de febrero)
junto con su madre de nombre Eutiquia, quien desde hacía 40 años sufría un
flujo de sangre, aunque había gastado en médicos sumas ingentes, sin
conseguir alivio alguno a su mal.
Sucedió que, durante la celebración de la misa, ellas oyeron la lectura
del pasaje evangélico que había conseguido la curación de una mujer que
padecía hemorragias mediante el simple toque de la extremidad del manto
del Señor (Mt. 9,20-22). Entonces Lucía, dirigiéndose a su madre, le dijo:
“Madre, si prestaras fe a las cosas leídas, creerías también que Águeda,
que padeció por Cristo, tiene un acceso libre y confiado a su trono. Toca,
pues, con confianza su sepulcro y quedarás curada”.
Una vez terminados los sagrados misterios, todos se retiraron; en cambio,
ellas se acercaron al sepulcro y se postraron orando a la mártir entre
lágrimas.
Oraron largamente. Durante la oración, Lucía fue arrebatada por un sueño
profundo y vio a Santa Águeda, rodeada por ejércitos de ángeles y
esplendidísimamente adornada, que le decía: “Lucía, hermana mía y virgen
del Señor, ¿ porqué me pides a mi lo que tu misma puedes conceder? Tu fe
fue de gran ayuda a tu madre: ella ya está curada. Como por mi está
colmada de gracias la ciudad de Catania, así por ti será honrada la ciudad
de Siracusa, porque nuestro Señor Jesucristo se complació en que tú hallas
conservado intacta tu virginidad”.
Mas información sobre Santa Águeda
|
|